Cambio climático, protejamos al mundo Mr. SHELL.


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Toda actividad humana requiere siempre de la colaboración y ayuda o apoyo de otros: colaborando, aportando y sugiriendo en foros.

Hace 30 años la mayoría de los climatólogos eran escépticos acerca de la naturaleza antropógena del cambio climático. Hoy en día, la inmensa mayoría de ellos reconoce una evidente huella humana en el intenso cambio climático ocurrido en los últimos cincuenta años (Martín Vide, 2007-B).

El ser humano impacta poderosamente en el medio. La actividad humana emite actualmente a la atmósfera más de 26.000 millones de toneladas anuales de CO2, el gas de efecto invernadero (GEI) más importante. Este gas permanece en la atmósfera alrededor de un siglo antes de ser absorbido por los océanos y por los ecosistemas terrestres.

Dada la larga vida atmosférica de este gas y el aumento de las emisiones de CO2 derivadas de la actividad humana, se ha producido un incremento de su concentración en la atmósfera: la tasa actual de aumento de concentración es de entre una y dos partes por millón (ppm) al año.

La concentración atmosférica preindustrial del gas de entre 250 y 280 ppm ha aumentado hasta más de 380 ppm: una cifra superior a cualquier otra época de los últimos 650.000 años (EPICA, 2004). Investigaciones recientes concluyen que la concentración actual supera, incluso, la de los últimos 800.000 años (Luthi, 2008). Además, el aumento de la concentración del CO2 en la atmósfera (que ha ascendido alrededor de un 30%) no se ha apreciado de forma gradual en el tiempo sino que se ha producido en los dos últimos siglos.


Un 75% de las emisiones antropógenas de CO2 proviene de la quema de combustibles fósiles, (petróleo, carbón) sobre todo para la producción de energía y para el transporte (el resto se debe principalmente a la deforestación).


Es interesante exponer que el proceso de formación del petróleo fue uno de los factores que permitió a la naturaleza fijar CO2 en el subsuelo y reducir su concentración en la atmósfera, que hace unos 300 millones de años era en torno a las 1.500 ppm.

Así, es fácil comprender las consecuencias que pueden derivarse del hecho de que la humanidad esté actuando en sentido inverso al de la naturaleza y, además, sobre una escala temporal mucho más reducida.

La humanidad impacta poderosamente en el clima. Emite mucho y muy rápido.

En contra de lo que se suele pensar, la atmósfera no es un reservorio ilimitado donde se puedan acumular los deshechos de forma indefinida. El 75% de la atmósfera está comprendida en una fina capa que alcanza tan sólo los 11 primeros kilómetros de altura, una altitud parecida a la que alcanzan los aviones en vuelos comerciales.

La atmósfera es como un fino barniz que cubre la Tierra, de un espesor menor a un 0,2% de su radio1. Ante un globo terráqueo de madera de un metro de diámetro, la atmósfera representaría un barniz de menos de 1 milímetro de espesor.

A pesar de su delgadez, esta fina capa es parte esencial de la biosfera pues la atmósfera atenúa la diferencia de temperatura entre la noche y el día, protege de la radiación ultravioleta y aporta el oxígeno que los seres humanos necesitan para vivir.


El efecto invernadero es conocido por todos que los GEI alteran el equilibrio energético del sistema climático lo que provoca un calentamiento global neto del planeta. Pero ¿cómo actúa este fenómeno?


Los GEI juegan en la atmósfera el mismo papel que el cristal de un coche en un día de sol o la cobertura de un invernadero (ver gráfico 1.1). Estos gases están formados por moléculas polares que absorben los rayos infrarrojos termalizados en la superficie de la Tierra y en la propia atmósfera. Existen muchos tipos de GEI, como por ejemplo el metano (CH4), el gas de la risa (N2O), los gases

industriales sintéticos fluorados (CFC, HFC, PFC, SF6, etc.) y el propio ozono (O3).

La capacidad de estas moléculas para absorber radiación térmica depende de su momento bipolar y, pese a que el metano es 20 veces más efectivo que el CO2 como gas de efecto invernadero.

De todos los GEI emitidos por el ser humano, el CO2 es el más importante para el cambio climático, debido a que es el que se presenta en mayor abundancia. Su contribución a este fenómeno supone el 60% de la captura de radiación térmica realizada por el total de GEI. Los GEI son necesarios para mantener una temperatura adecuada en la Tierra. Sin ellos la temperatura de la atmósfera en el planeta sería aproximadamente 33ºC más fría. Pero una concentración excesiva de estos gases provocaría un aumento de la temperatura media del planeta que dificultaría la vida tal y como es conocida.

Número de días al año con temperaturas de más de 30ºC en el 2005 (izquierda) y las previsiones para el 2080 (derecha).

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GREEN PEACE

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